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Reportaje publicado en la revista Informacions, número 246 (noviembre 2011)
Un cambio de vida en Seneso
En el África subsahariana seis de cada siete familias rurales no tienen acceso a la energía, un handicap que condiciona especialmente la vida de las mujeres del continente. El proyecto europeo Energy for All 2030, en el cual participa la UPC, trabaja para incidir en la agenda política y social y conseguir que el acceso a la energía sea una realidad en 2030.
12/12/2011
La comunidad de Seneso está ubicada en la región de Brong-Ahafo, en Ghana, al inicio de la sabana. Assibi Alhassan es la única vecina que dispone de enchufes con corriente eléctrico en 30 quilómetros alrededor de su pueblo. Este tesoro le permite obtener unos ingresos que han supuesto un sustancial cambio en su vida cotidiana y en su economía y en la de toda la comunidad. Los enchufes de la familia Alhassan forman parte de una de las llamadas plataformas multifuncionales, pequeñas instalaciones en que un motor acciona la maquinaria necesaria para pelar y moler arroz y maíz o para rallar la mandioca. A veces el dispositivo también integra un generador de electricidad. Todos estos servicios se ofrecen al vecindario y alos visitantes a precios asequibles.
Las mujeres son las promotoras y gestoras más habituales de estos negocios, que se conceden por concurso a la mejor propuesta presentada por una comunidad. Las plataformas fueron iniciadas en Mali por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y se han extendido por diversos países del África occidental, a menudo con financiación de las mismas promotoras. El resultado es el binomio que integra mujeres y energía y que ha cambiado la vida de muchas familias.
Y es que, personas de diversos rincones del mundo están trabajando para reflejar los esfuerzos de la población africana y favorecer el cambio. Buscan el apoyo público y político que hace falta para mejorar la energía en África y transformar la vida de una quinta parte de la población mundial.
La mejora energética para contribuir a erradicar la pobreza implica la toma de decisiones concretas de políticos y mandatarios, pero también necesita un estado de opinión en la sociedad civil que evidencie que las promesas de los países desarrollados no han conseguido alterar mucho la situación de los países subsaharianos en los últimos 20 años.
Ahora, en pleno debate sobre el cumplimiento de los objetivos del milenio, los expertos ven en el 2030 la fecha en que el servicio de energía podría llegar a todo el mundo en África y acabar, por ejemplo, con el uso ineficiente de combustibles —biomasa tradicional, carbón o queroseno— en las casas para cocinar, calentarse o iluminar. Esta energía de la pobreza tiene una repercusión directa sobre la salud de las personas —preferentemente de las mujeres que cocinan dentro de casa— y se estima que es la causa de la muerte prematura de 1,4 millones de personas cada año, una cifra similar al número de personas que anualmente mata la malaria.
En esta línea de trabajo se centra el proyecto Energy for All 2030, que desarrolla el Instituto de Sostenibilidad y el Grupo de Investigación en Cooperación y Desarrollo Humano (GRECDH), que trabaja para que la Unión Europea mejore el fondo para contribuir a este cambio, una labor que recibe el apoyo del Centro de Cooperación para el Desarrollo de la UPC. Para el responsable del proyecto en la UPC, Enrique Velo, “el acceso universal a la energía es la clave para precipitar un nuevo escenario en África subsahariana que reduzca la pobreza e incentive un desarrollo auténticamente sostenible”, explica.
Enrique Velo y su equipo colaboran con diversas universidades y organizaciones africanas para desarrollar una herramienta de planificación integrada que sirva a los responsables de la toma de decisiones sobre las infraestructuras energéticas, unas infraestructuras que se tendrá que introducir en los próximos años a partir de los principios de equidad social, fortalecimiento institucional, fiabilitat tecnológica y viabilidad financiera. Actualmente, esta herramienta se está ensayando en trabajos sobre el terreno en Ghana y Mozambique.
Las mujeres son las promotoras y gestoras más habituales de estos negocios, que se conceden por concurso a la mejor propuesta presentada por una comunidad. Las plataformas fueron iniciadas en Mali por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y se han extendido por diversos países del África occidental, a menudo con financiación de las mismas promotoras. El resultado es el binomio que integra mujeres y energía y que ha cambiado la vida de muchas familias.
Y es que, personas de diversos rincones del mundo están trabajando para reflejar los esfuerzos de la población africana y favorecer el cambio. Buscan el apoyo público y político que hace falta para mejorar la energía en África y transformar la vida de una quinta parte de la población mundial.
La mejora energética para contribuir a erradicar la pobreza implica la toma de decisiones concretas de políticos y mandatarios, pero también necesita un estado de opinión en la sociedad civil que evidencie que las promesas de los países desarrollados no han conseguido alterar mucho la situación de los países subsaharianos en los últimos 20 años.
Ahora, en pleno debate sobre el cumplimiento de los objetivos del milenio, los expertos ven en el 2030 la fecha en que el servicio de energía podría llegar a todo el mundo en África y acabar, por ejemplo, con el uso ineficiente de combustibles —biomasa tradicional, carbón o queroseno— en las casas para cocinar, calentarse o iluminar. Esta energía de la pobreza tiene una repercusión directa sobre la salud de las personas —preferentemente de las mujeres que cocinan dentro de casa— y se estima que es la causa de la muerte prematura de 1,4 millones de personas cada año, una cifra similar al número de personas que anualmente mata la malaria.
En esta línea de trabajo se centra el proyecto Energy for All 2030, que desarrolla el Instituto de Sostenibilidad y el Grupo de Investigación en Cooperación y Desarrollo Humano (GRECDH), que trabaja para que la Unión Europea mejore el fondo para contribuir a este cambio, una labor que recibe el apoyo del Centro de Cooperación para el Desarrollo de la UPC. Para el responsable del proyecto en la UPC, Enrique Velo, “el acceso universal a la energía es la clave para precipitar un nuevo escenario en África subsahariana que reduzca la pobreza e incentive un desarrollo auténticamente sostenible”, explica.
Enrique Velo y su equipo colaboran con diversas universidades y organizaciones africanas para desarrollar una herramienta de planificación integrada que sirva a los responsables de la toma de decisiones sobre las infraestructuras energéticas, unas infraestructuras que se tendrá que introducir en los próximos años a partir de los principios de equidad social, fortalecimiento institucional, fiabilitat tecnológica y viabilidad financiera. Actualmente, esta herramienta se está ensayando en trabajos sobre el terreno en Ghana y Mozambique.
Mensajes contra la retórica
El año 2012 ha sido declarado por la ONU Año Internacional de la Energía Sostenible, en el horizonte 2030, y, si bien es cierto que este hecho pondrá en la agenda política el sector energético desde una perspectiva más humana, también lo es que, si no se produce un impulso inmediato y sostenido, la situación en África subsahariana no mejorará. Por eso, un total de 71 organizaciones europeas y africanos han incitado un manifiesto para que los líderes mundiales que se reunió en Oslo los días 10 y 11 de octubre en la conferencia Energy for All: Financing access for the poor pasen de la retórica a la acción y adopten mesuras concretas. El texto se puede encontrar en www.practicalaction.org/call o a http://grecdh.upc.edu, y se dirige directamente al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, entre otros cargos de la política europea.
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